La industria química europea busca oxígeno ante la presión de costes y regulaciones

B.Q.
3/09/2025

El futur en el sector se presenta incierto

La llamada “industria de las industrias”, responsable de procesos vinculados al 96% de los bienes producidos en la Unión Europea, atraviesa un momento delicado. El sector químico se enfrenta a un cóctel de dificultades: costes energéticos disparados, exigentes inversiones para cumplir con los objetivos verdes del bloque comunitario y un panorama de cierres de fábricas cada vez más habitual. El resultado es un desplome del 50% en la facturación en apenas dos años.

Ante este escenario, ganar terreno en Bruselas se ha convertido en una prioridad. Pese a su retroceso, la química sigue siendo el cuarto sector industrial más importante de la UE, con más de 29.000 empresas y 1,2 millones de trabajadores. Su voz en la capital comunitaria es Cefic, la federación que concentra los intereses del sector.

La organización está dirigida por Marco Mensink, director general desde 2016, y por Ilham Kadri, consejero delegado de Syensqo y presidente de Cefic desde 2024. Kadri, que además preside el Consejo Internacional de la Industria Química (ICCA), será uno de los representantes en las negociaciones del Tratado Mundial sobre los Plásticos que se celebra este mes en Ginebra.

Con sede en el distrito europeo de Bruselas, Cefic cuenta con 170 profesionales, lo que la convierte en la mayor patronal de la ciudad. Su estructura, dividida en departamentos temáticos y grandes grupos industriales —como Halógenos, Petroquímica Europa y Productos Químicos Especializados— le permite abarcar un amplio abanico de intereses, desde adhesivos hasta materiales avanzados. Entre sus miembros se encuentran multinacionales como Bayer, Dow Chemical, BASF o Unilever, junto a compañías españolas como Repsol y Moeve (antigua Cepsa).

El futuro, sin embargo, se presenta incierto. Desde Cefic alertan de que la caída de la producción, el freno a las inversiones y la pérdida de competitividad amenazan con debilitar el liderazgo europeo en sostenibilidad, economía circular y autonomía estratégica.

En este contexto, el nuevo escenario geopolítico puede abrir una ventana de oportunidad: la voluntad de Europa de reforzar su soberanía industrial ante la rivalidad con China y la creciente distancia con Estados Unidos podría convertirse en el impulso que necesita la química para recuperar terreno.