Es necesaria más agilidad en las administraciones para afrontar los avances medioambientales

Jordi Salvat
11/11/2022

De izquierda a derecha: Maria Fayos, Enedina Espallargas y Conchi Lázaro.

Hemos reunido en una mesa redonda responsables de las áreas de medio ambiente de tres empresas del polígono petroquímico de Tarragona para hablar de las medidas para potenciar la sostenibilidad y la economía circular en sus organizaciones. Se trata de Maria Fayos, responsable de medio ambiente de Covestro España; Conchi Lázaro, jefe de seguridad y medio ambiente de VOPAK Terquimsa y Enedina Espallargas, gerente de medio ambiente de Repsol Química. Estas tres directivas coinciden en la gran labor llevada a cabo en los últimos años en materia medioambiental por sus compañías y también en el freno para poder desarrollar estos proyectos que encuentran en las administraciones y la falta de agilidad para legalizar estos nuevos procesos beneficiosos para la mejora de la sostenibilidad.

«La industria Química es consciente de la situación de emergencia climática que vivimos y los retos que esto supone para el futuro del planeta y está tomando medidas ambiciosas», afirma Maria Fayos (Covestro), que añade que este «firme compromiso» se traduce en el que “las empresas del polígono tarraconense disponen de programas estratégicos para alcanzar la neutralidad climática y convertirse en plenamente circulares.”

“En Covestro, en 2021 redujemos el consumo específico de agua y las emisiones específicas de CO2 cerca de un 10% respecto al año anterior y esto se logra con una inversión constante en actuaciones de mejora ambiental, que el año pasado llegaron cerca de un millón de euros en el caso de la planta de Tarragona”, explica Fayos, que considera importante en las inversiones de futuro tener en cuenta el factor de la sostenibilidad y pone un ejemplo: “Estamos terminando de construir una nueva planta de producción de cloro, que será la primera planta de producción de cloro del mundo con tecnología ODC, que es una innovación de Covestro que permite reducir en un 25% el consumo eléctrico en la producción de cloro respecto a la mejor tecnología actual . Y esto se traducirá en una reducción de las emisiones de CO2 de 22.000 toneladas al año, que equivale a lo que emiten 15.000 vehículos al año.”

Desde VOPAK Terquimsa, Conchi Lázaro, coincide con Fayos en que «la preocupación por el medio ambiente es latente en el sector desde hace muchos años.» Prueba de ello son las actuaciones que están llevando a cabo las empresas del polígono petroquímico, como inversiones encaminadas a la protección del medio ambiente, reducción del consumo de agua y uso de agua regenerada, la participación en el Observatorio de la Calidad del Aire, impulsado por Repsol y la Universidad Rovira i Virgili, con el Instituto Cerdà y en la comunicación proactiva desde las empresas a la población y las administraciones.

Como empresa auxiliar de otras químicas, VOPAK Terquimsa ha establecido objetivos de sostenibilidad a nivel medioambiental y global enmarcados en la Agenda de Sostenibilidad creada el pasado año, una Agenda basada en las personas, la seguridad, el medio ambiente, el entorno y la sociedad en sí. “Los objetivos son la reducción de la huella de carbono y en 2023 se alcanzará un 22% de reducción respecto a 2020 con el objetivo de 2030 llegar a una reducción del 60%, la electrificación de la flota de vehículos, llegar al 100% del consumo eléctrico de fuentes renovables -objetivo alcanzado durante el año 2020-, autoabastecimiento de energía con placas solares en los edificios y la reducción de emisiones de compuestos organo-volátiles más allá de lo establecido legalmente, entre otros. Además estamos adaptando nuestras instalaciones para el almacenamiento de combustibles ligeros y las nuevas energías del futuro”, comenta Lázaro.

En la economía circular desde hace años

“Cuando hablamos de sostenibilidad medioambiental parece ser algo novedoso y no es así. Desde los años 90, en Repsol ya tenemos en todos los complejos industriales un departamento de medio ambiente que se preocupa de los impactos medioambientales de nuestras actividades. Es un compromiso de Repsol y el resto del polígono petroquímico ser parte de la sociedad en la que estamos conviviendo. Queremos ser buenos vecinos”, afirma Enedina Espallargas. Y añade: “Nosotros estamos en la economía circular desde siempre, que es optimizar el uso de recursos. Ahora tomamos residuos o corrientes residuales que, previa transformación, los podemos incorporar a nuestras instalaciones. Los recursos son finitos y ahora la gente ya lo tiene claro.”

Maria Fayos (Covestro): «Estamos terminando de construir una nueva planta de producción de cloro que reducirá en un 25% el consumo eléctrico respecto a la mejor tecnología actual».

Repsol tiene actualmente varios proyectos en marcha y otros en fase de tramitación administrativa para obtener los permisos correspondientes. El objetivo es sustituir materias primas por productos residuales, como en el caso del crudo y los derivados del petróleo, que les irán reemplazando por residuos agroforestales, agroalimentarios, productos de desecho, orgánicos, de plásticos y de consumo.

Estos plásticos proceden del desguace de vehículos o de invernaderos. “Elaboramos el mismo producto con igual grado de calidad con un tanto por ciento de producto residual. No lo nota el consumidor y reducimos la huella carbónica. Lo hacemos firmando convenios con empresas que recogen estos plásticos residuales”, explica Espallargas, que detalla el proyecto que podría estar en marcha en 2024 en Tarragona y que en 2023 ya lo estará en la planta de Puertollano, donde se está construyendo la planta para a la recuperación de poliuretano de los colchones usados. Se fabricará un poleo que se incorporará al poleo para hacer colchones, en un proceso que llaman RECPUR (reciclado químico de espuma de poliuretano). Otro proyecto es incorporar aceites en la refinería o aceite de pirólisis a partir de los plásticos para incorporarlo a la NAFTA. Con estos proyectos, Repsol quiere reciclar 360 kilotones de poliolefinas circulares y producir dos millones de toneladas de combustible de baja huella de CO2, abatiendo 7 Mt de CO2 en 2030. El objetivo final es la neutralidad 0 de CO2 en 2050.

«En los últimos años estamos haciendo este cambio real de modelo de economía lineal al circular, de modo que un residuo se convierta en un recurso», afirma desde Covestro Maria Fayos. En este sentido, en 2019 esta compañía lanzó un programa estratégico para incorporar la circularidad en todas sus áreas: «Lo estamos haciendo a través de una transformación progresiva de nuestros centros de producción para que utilicen materias primas alternativas al petróleo y fuentes de energía renovables. Requiere de tiempo y alianzas con partners, porque no lo podemos hacer solos.”

Y pone dos ejemplos: el lanzamiento en el mercado del primer MDI, un precursor para la fabricación de espumas de poliuretano, que es climáticamente neutro porque está producido a partir de residuos vegetales (biomasa); y el desarrollo de una tecnología propia de reciclaje de las espumas de poliuretano de los colchones y almohadas que permite recuperar la totalidad de sus componentes iniciales. Actualmente, esta tecnología se encuentra en fase de pruebas en una planta piloto y esperamos poder escalarla a nivel industrial en breve.”

La administración, un freno

“Hasta ahora, en la autorización administrativa tenías como materias primas como el crudo, la NAFTA, el etileno, el propileno… pero ahora pondremos los colchones de postconsumo o los plásticos de desguace de vehículo o de invernaderos . Y, para la administración, todo esto está catalogado como residuos y nosotros no estamos autorizados para tratar, gestionar o incorporar residuos en nuestras instalaciones”, explica Espallargas (Repsol). La compañía ha pedido a la administración que les autorice a poner residuos en sus instalaciones y esto son cambios administrativos en las autorizaciones ambientales. «Nuestras instalaciones ya están preparadas, pero nos falta la autorización administrativa», lamenta Espallargas, que se queja también de que «el discurso de las diferentes administraciones no es el mismo.»

En abril se aprobó una ley que habla de la economía circular pero todavía no se ha desarrollado su reglamentación para poner la filosofía a la realidad. “Como empresas hemos estado muy abiertos con la administración y teníamos grupos mixtos que nos reuníamos y eran muy activos, con un intercambio de información, pero se ha detenido y vamos uno a uno. Como en AEQT estamos unidos y desde hace mucho tiempo”, asegura Espallargas.

“Tenemos una administración muy lenta. Muchos negocios y proyectos se retrasan porque la administración, que son muy exigentes con nuestros plazos, no cumplen los suyos para las resoluciones de cambios y autorizaciones ambientales”, avisa desde VOPAK Terquimsa Lázaro, que va más allá: “A en ocasiones las resoluciones y las condiciones establecidas son muy arbitrarias. Dependen de la comunidad autónoma, del servicio territorial, o del propio técnico encargado del expediente.”

Maria Fayos (Covestro) señala que se ha trasladado a muchas reuniones con la administración y grupos de trabajo que las empresas necesitamos el acompañamiento de los poderes públicos porque tienen un papel muy importante para afrontar todos los retos que derivan de la transición energética. Y pone el ejemplo de la moratoria de dos años en la que no se podrá ampliar ni construir incineradoras de residuos: “El de Catalunya es un caso único en Europa, ya que en el continente se contempla la incineración de residuos como la vía de gestión más adecuada para algunos de los más peligrosos. En Catalunya, sin fundamento técnico ni legal alguno, se aprueba esta moratoria, que es un freno al crecimiento y genera una incertidumbre que no ayuda a desarrollar el tejido industrial de la zona. Además, eliminar la vía de incineración para la gestión de los residuos peligrosos no reduce en ningún caso el impacto ambiental, porque comportará que deban gestionarse por una vía más contaminante o se acaben incinerando fuera del Estado, incrementando el riesgo y las emisiones asociadas al transporte.”

Repsol también se encuentra con esa indefinición por parte de la administración. “En Puertollano, la administración entendió el proyecto del RECPUR. En Tarragona parece que deberemos registrarnos como gestores de residuos, pero no tienen claro cómo orquestar estos nuevos proyectos. Nosotros vamos a la administración con un problema y una propuesta de solución”, asevera Espallargas.

¿El hidrógeno verde, una alternativa?

“El hidrógeno verde es la palanca clave para la descarbonización porque se produce con fuentes de energía renovables. Estamos apoyando el Valle del Hidrógeno Verde, liderado por la Universidad Rovira i Virgili”, afirma Espallargas, que recuerda que el 70% del consumo total de hidrógeno del Estado español es de Repsol y actualmente es hidrógeno gris, que proviene de fuentes fósiles, como el gas natural. «Tenemos un proyecto para instalar un electrolizador de 150 Megavatios para producir hidrógeno con energías renovables», señala.

Conchi Lázaro (VOPAK Terquimsa): «La Guerra de Ucrania puede suponer un estímulo si la crisis energética se convierte en un problema estructural».

Lázaro, por su parte, explica que la tarea de VOPAK Terquimsa es establecer la logística del transporte y almacenamiento del hidrógeno verde, que a día de hoy no existe y no es fácil, ya que es un producto de transportar a 260 grados bajo cero y requiere unos barcos determinados y más espacio de almacenamiento, con seguridades especiales y mucho impacto visual. “Estamos trabajando en proyectos e ideas y una posibilidad es transportarlo mediante otras materias, como por ejemplo el amoníaco verde. El amoníaco cuenta ya actualmente con una cadena logística consolidada. Con un proceso de electrólisis en destino se podría separar el hidrógeno para disponer de la fuente de energía renovable: hidrógeno verde. Es necesaria la implicación de la administración”, considera Lázaro, que añade que, si nos basamos sólo en energías verdes como el hidrógeno, la neutralidad climática en 2050 será difícil alcanzarla.” Apuesta por «pasos intermedios», como la captura del CO2, que pueden ayudar a las empresas a llegar a esta neutralidad y además permiten poner en marcha proyectos de circularidad. El CO2 con el hidrógeno sirve para sintetizar fuel-oil.

Por su parte, Espallargas añade que el objetivo de Repsol es ser más eficientes, responsables con los consumos y hay muchas inversiones encaradas hacia aquí en el paro de la refinería de este mes de octubre. «Debemos reducir los consumos y ser multienergéticos, combinando fuentes», considera.

Pioneros en el uso de agua regenerada

Este mes de octubre se han cumplido diez años de la entrada en servicio de la planta de agua regenerada a partir de las estaciones depuradoras de Tarragona, Salou y Vila-seca, de las que actualmente se captan cada año 10 hectómetros cúbicos de agua y salen unos 4,8 hectómetros de agua regenerada, que se consumen en la industria química. Es agua que iría a parar al mar y que, al regenerarla, se ahorra consumo de fuentes primarias (río Francolí, Ebro o pantano del Gaià), aunque tiene un coste más elevado que tomar agua de fuentes primarias.

“Es un claro ejemplo de economía circular en el ámbito de la gestión hídrica y en la que Tarragona es líder, demostrando el compromiso de la industria tarraconense con este escaso recurso. En 2013 el agua regenerada era un 4% del consumo total de agua de la industria química tarraconense y en 2018 se alcanzó el máximo histórico con un 18%”, explica Fayos, quien destaca que se está trabajando para ampliar la planta de agua regenerada y alcanzar el 25% en dos años. Además, a medio plazo, AITASA quiere construir una planta para regenerar las aguas residuales de la propia industria y alcanzar un 40% de consumo de agua regenerada respecto al total de agua de las empresas de la AEQT.

Además, señala que en la planta de MDI de Covestro en Tarragona, el consumo de agua regenerada alcanza el 40%. Aparte, la compañía emplea el agua de lluvia, recogida en una balsa, para alimentar torres de refrigeración, reduciendo el gasto hídrico en 50.000 m3 al año y una reciente actuación permitirá llegar a 70.000 m3/año.

Los efectos de la Guerra de Ucrania

“La Guerra nos provoca dos situaciones en lo que respecta a la sostenibilidad: un retroceso y un estímulo. Los proyectos de sostenibilidad requieren inversiones importantes y, a corto plazo, en un contexto de crisis como el actual, continúan en marcha pero pueden sufrir una ralentización debido a la preocupación de las empresas por mantener su rentabilidad, eficiencia y afrontar la crisis energética. Por otra parte, puede suponer un estímulo si la crisis energética se convierte en un problema estructural, ya que puede potenciar el consumo de energía renovable y, por tanto, la inversión en infraestructuras e instalaciones que hagan posible esta transición energética”, afirma Lázaro (VOPAK Terquimsa).

Enedina Espallargas (Repsol Química): “Elaboramos el mismo producto con igual grado de calidad con un tanto por ciento de producto residual. El consumidor no lo nota”.

Desde Covestro, Fayos señala que «este contexto actual tan complejo de crisis energética nos enseña que el camino correcto es la transformación energética y dejar la dependencia de los combustibles fósiles.» “Pienso que en una situación de crisis se abren ventanas de oportunidad, al igual que la pandemia fue una oportunidad para desarrollar y consolidar el teletrabajo. Estoy convencida de que esta crisis será un estímulo para ir hacia la transformación energética y la neutralidad climática”, concluye.

En una empresa multienergética como Repsol, el conflicto bélico que ha derivado a un conflicto energético genera una gran incertidumbre, pero, según Espallargas, los planes no han cambiado y el paro de octubre en la refinería comportará muchas inversiones para reducir las emisiones de CO2. “El compromiso de llegar a la reducción del 100% de emisiones netas en 2050 sigue sobre la mesa. Somos una compañía muy grande que, cuando hemos decidido ir a un lado, es muy difícil cambiar porque la inercia te lleva hacia aquí. Puede retrasarse un poco, pero no se detienen los planes estratégicos”, asegura.

“Nuestro objetivo a nivel de compañía es en 2035 ser neutras climáticamente en lo que se refiere a las emisiones de las propias instalaciones y las emisiones de fuentes externas de energía. En 2005 nos fijamos el objetivo de reducir en un 50% las emisiones específicas de CO2 para 2025 y en 2021 la reducción ya fue de un 54%”, afirma Fayos (Covestro).